Aerolíneas: ¿el low cost (costo bajo) es sinónimo de low quality (baja calidad)?

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Por Christian Aste León – Master en Marketing Intelligence en ESIC (España) 

En el sector aeronáutico, cuando se hace referencia al modelo low cost (costo bajo), se propone una estructura en la que se eliminan servicios complementarios. Para muchos, no es difícil asumir que este modelo de negocio -que implica muchos sacrificios- sea sinónimo de baja calidad, pero ¿es así?

Hace no mucho, en 2017, las aerolíneas low cost aterrizaron en Perú. La primera en llegar fue Viva Air y le siguió JetSmart. Este punto de partida ha llevado a otras aerolíneas a replantear su modelo de negocio y a muchas otras a mirar al mercado peruano con interés. Ante la ola del low cost en el país cabe preguntarse si estas líneas aéreas son otro modelo de negocio respecto al tradicional.

El low cost propone un modelo en el que los servicios complementarios como la impresión de tarjetas de embarque, la alimentación a bordo o la posibilidad de escoger los asientos se sacrifican con el objetivo de reducir las tarifas aéreas. Inclusive, en otros países, las líneas aéreas low cost operan en aeropuertos alternativos cuya ubicación se encuentra a varias horas por tierra de la ciudad de destino, y las restricciones con el peso del equipaje son sumamente estrictas.

El modelo de negocio del “peruvian low cost” no dista mucho del modelo regular en términos de servicio por lo que no significa un detrimento de la calidad de este.

Podría suponerse que este modelo funciona para viajeros individuales o para quienes viajan con una mochila, es decir, para todos aquellos que no requieren servicios complementarios. En cambio, se asumiría por ejemplo que para una familia con niños pequeños el low cost significaría muchos sacrificios que representarían una gran pérdida de comodidades, en muchas ocasiones necesarias. Ya desde un matiz personal, luego de un viaje en familia con mis dos hijas, una menor de un año y otra de seis, mi perspectiva sobre las aerolíneas de bajo costo cambiaron. La conveniencia y el ahorro fueron óptimas. Entonces, ¿es tan difícil acomodarse a los servicios que el low cost eliminó?

Análisis punto por punto

  • No se permite seleccionar el asiento: En el caso puntual de Viva Air, su política facilita que los padres que viajan con niños menores de edad puedan solicitar la asignación de asientos juntos.
  • Límite de peso de equipaje: Algunas aerolíneas facilitan la compra de equipaje de mano separado del equipaje de bodega e incluso contemplan la posibilidad de comprar kilos adicionales en caso de que sea necesario.
  • Sin atención preferente: La política de atención preferente del aeropuerto hace que tanto el check in en counter y el abordaje al avión sea preferencial si se viaja con niños pequeños. 

Además, durante mi viaje, que fue a nivel nacional, no hubo cobro adicional por el coche de bebé, ni la necesidad de comprar alimentos a bordo y es que los viajes a nivel nacional no superan los 90 minutos.  Respecto a ciertas medidas especiales que se tuvieron que tomar, se encuentra el cuidado de no exceder el peso permitido y llegar lo suficientemente temprano como para solucionar cualquier contratiempo.

Es así que estos vuelos locales, bajo las condiciones que tiene Perú, tanto en términos de infraestructura aeroportuaria, reglamentación de atención preferente, y manejo del equipaje, este tipo de viajes hace ver como pocos los sacrificios que se compensan con el beneficio económico. En mi caso, por persona, fueron 129 soles más impuestos por un trayecto de casi 1 000 kilómetros (Lima-Piura). Son 13 céntimos por kilómetro recorrido.

La reflexión final sigue en pie: El modelo de negocio del “peruvian low cost” no dista mucho del modelo regular en términos de servicio por lo que no significa un detrimento de la calidad de este. Se trata entonces de reglas de negocio distintas que hay que saber aprovechar.

(Fuente: Conexión Esan)

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